Judo

El judo comenzó a ser un deporte adaptado de alto rendimiento para personas con discapacidad visual en 1970. Sin embargo, su debut en una competencia internacional fue recién en los Juegos Paralímpicos de Seúl, Corea del Sur, en 1988. En esa oportunidad, sólo participaron atletas masculinos. Las mujeres fueron parte por primera vez del programa competencias en los Juegos Paralímpicos de Atenas en 2004. Los organismos que regulan a este deporte son la Federación Internacional de Deportes para Ciegos (IBSA) y la Federación Internacional de Judo (FIJ).

CLASIFICACIÓN: El judo adaptado es practicado por personas con discapacidad visual y la clasificación se hace por criterios médicos, y no funcionales como en la mayoría de los deportes paralímpicos. Los atletas se dividen en las siguientes clases identificadas por la letra B (la B proviene del inglés en el que ceguera es blindness): B1 – Ciegos. B2 – Luchadores que tienen la percepción de formas y luminosidad. B3 – Los participantes tienen la posibilidad de definir imágenes. Además, hay una clasificación que depende del peso de los atletas, que sigue el mismo estándar olímpico.

COMPETENCIA: El inicio del combate es autorizado por el árbitro sólo cuando los competidores se sujetan entre sí. El árbitro debe asegurar un contacto constante entre los participantes durante toda la competencia. Si se pierde el contacto, la pelea se detiene. Los atletas B1 se identifican por un círculo rojo situado en las mangas del kimono, por lo que el árbitro sabe que debe guiar a los oponentes a reestablecer el contacto para continuar la lucha. Cada pelea dura cinco minutos. Los competidores buscan “ippon”, el golpe de gracia de judo, que consiste en proyectar al oponente de modo que al caer dé con la espalda por completo en el suelo, e inmediatamente inmovilizarlo con una llave de brazo o estrangulación. Al igual que en la competición olímpica, las peleas de judo adaptado se realizan sobre tapetes sintéticos.