ARIEL ATAMAÑUK, EL HERÓICO GENDARME QUE BRILLA EN PARACANOTAJE Y ESTARÁ EN PARíS 2024


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Marzo 2015. El gendarme Ariel Atamañuk maneja un colectivo de Gendarmería por la ruta 9 hacia Río Ceballos (Córdoba) para llevar a sus 34 camaradas a trabajar en las inundaciones que golpeaban las Sierras Chicas. La mañana, lluviosa. La mayoría de los uniformados dormía. Pero todo cambió en el kilómetro 740. El cabo primero tuvo que decidir en una fracción de segundo. Supo que lo que se venía podía ser una tragedia. Un camión se le vino de frente. Y no dudó. Todo en un instante. Hizo una maniobra “ofensiva” para evitar el choque frontal pero arriesgando aún más su vida.

“En el accidente no perdí el conocimiento, quedé tirado en la ruta después de salir despedido y al darme cuenta que estaba vivo no me quería ir, no me quería morir. Después de realizar la maniobra intentando evitar el mayor daño posible, no me reprochaba las cosas que pasaban. Intenté salvar a mis compañeros, yo lo decidí”, dijo Atamañuk en una entrevista. Con esa maniobra logró salvar la vida de 33 de sus compañeros pero “lamentablemente falleció un camarada y amigo, el cabo primero José Olmedo, y yo sólo perdí las dos piernas”, recordó.

Atamañuk estuvo cinco días en coma y mientras luchaba por su vida, tenía fractura en un brazo, desplazamiento de cadera, fisura de vértebra, un riñón cortado y el otro muy afectado. Su esposa Viviana, también gendarme, fue quien le contó que había perdido las piernas por completo.

“Cuando me dijeron que me habían amputado las dos piernas fue un golpe duro, no lo voy a negar. Ahí, en ese momento, sentí el golpe del camión. Lloré, tenía miedo. Pero fueron minutos de desahogo. Mi esposa me miró a los ojos y me dijo que a ‘esta pelea la ganábamos juntos’. Estaba vivo y sentía que Dios me daría fuerza para encarar todos los días”, asegura.

Ariel nació en Santo Pipo, una pequeña localidad de Misiones, donde vivió y estudió hasta finalizar el secundario. El 1º de abril de 2005, a los 21 años, se sumó a Gendarmería. Por su trabajo estuvo en Esquel, donde conoció a su esposa. Pero fue en Córdoba, después del accidente, donde comenzó una nueva vida vinculada al deporte paralímpico. Antes jugaba al fútbol, andaba en bicicleta y salía a correr.

Su primer contacto con el paracanotaje fue en agosto de 2016 en una muestra de deporte adaptado en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba. Ahí realizó una prueba en un kayak y los entrenadores de la selección no la dejaron pasar. Se le fueron encima. “Un mes después comencé en Carlos Paz y no paré más”, recuerdo con una sonrisa.

Y fue así. No paró más. Todo fue muy rápido. Se sumó al equipo argentino, comenzó a competir en el país y también en el exterior en panamericanos y mundiales. Además, Ariel compite en las dos disciplinas del paracanotaje: en kayak y canoa. Los resultados, cada vez más positivos. Y así empezaron los podios y su nuevo nombre se metió entre los más destacados.

Su mayor logró: nada menos que participar en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 (que se realizaron en el 2021), donde ganó la final B y quedó 9º en la tabla general, a sólo un puesto de un diploma paralímpico. Y todo con menos de cuatro años de actividad. Pero no se quedó ahí. Ariel también logró clasificación a los Juegos Paralímpicos de París 2024 y, una vez más, representará a la Argentina en el evento donde todos los deportistas de elite quieren estar.

“Si tuviera que describirme diría que soy un gendarme, que hace casi nueve años y volvió a nacer, que soy fuerte, luchador, que cree en Dios, también soy un deportista, pero por sobretodo alguien que ama la vida. Siempre decimos con mi esposa que, en esta nueva etapa de nuestras vidas, Dios ha puesto personas maravillosas en nuestro camino para alivianarnos un poco las cargas, a ellos nuestro profundo y constante agradecimiento”. Palabra de Ariel.

ARIEL ATAMAÑUK, EL HERÓICO GENDARME QUE BRILLA EN PARACANOTAJE Y ESTARÁ EN PARíS 2024

Marzo 2015. El gendarme Ariel Atamañuk maneja un colectivo de Gendarmería por la ruta 9 hacia Río Ceballos (Córdoba) para llevar a sus 34 camaradas a trabajar en las inundaciones que golpeaban las Sierras Chicas. La mañana, lluviosa. La mayoría de los uniformados dormía. Pero todo cambió en el kilómetro 740. El cabo primero tuvo que decidir en una fracción de segundo. Supo que lo que se venía podía ser una tragedia. Un camión se le vino de frente. Y no dudó. Todo en un instante. Hizo una maniobra “ofensiva” para evitar el choque frontal pero arriesgando aún más su vida.

“En el accidente no perdí el conocimiento, quedé tirado en la ruta después de salir despedido y al darme cuenta que estaba vivo no me quería ir, no me quería morir. Después de realizar la maniobra intentando evitar el mayor daño posible, no me reprochaba las cosas que pasaban. Intenté salvar a mis compañeros, yo lo decidí”, dijo Atamañuk en una entrevista. Con esa maniobra logró salvar la vida de 33 de sus compañeros pero “lamentablemente falleció un camarada y amigo, el cabo primero José Olmedo, y yo sólo perdí las dos piernas”, recordó.

Atamañuk estuvo cinco días en coma y mientras luchaba por su vida, tenía fractura en un brazo, desplazamiento de cadera, fisura de vértebra, un riñón cortado y el otro muy afectado. Su esposa Viviana, también gendarme, fue quien le contó que había perdido las piernas por completo.

“Cuando me dijeron que me habían amputado las dos piernas fue un golpe duro, no lo voy a negar. Ahí, en ese momento, sentí el golpe del camión. Lloré, tenía miedo. Pero fueron minutos de desahogo. Mi esposa me miró a los ojos y me dijo que a ‘esta pelea la ganábamos juntos’. Estaba vivo y sentía que Dios me daría fuerza para encarar todos los días”, asegura.

Ariel nació en Santo Pipo, una pequeña localidad de Misiones, donde vivió y estudió hasta finalizar el secundario. El 1º de abril de 2005, a los 21 años, se sumó a Gendarmería. Por su trabajo estuvo en Esquel, donde conoció a su esposa. Pero fue en Córdoba, después del accidente, donde comenzó una nueva vida vinculada al deporte paralímpico. Antes jugaba al fútbol, andaba en bicicleta y salía a correr.

Su primer contacto con el paracanotaje fue en agosto de 2016 en una muestra de deporte adaptado en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba. Ahí realizó una prueba en un kayak y los entrenadores de la selección no la dejaron pasar. Se le fueron encima. “Un mes después comencé en Carlos Paz y no paré más”, recuerdo con una sonrisa.

Y fue así. No paró más. Todo fue muy rápido. Se sumó al equipo argentino, comenzó a competir en el país y también en el exterior en panamericanos y mundiales. Además, Ariel compite en las dos disciplinas del paracanotaje: en kayak y canoa. Los resultados, cada vez más positivos. Y así empezaron los podios y su nuevo nombre se metió entre los más destacados.

Su mayor logró: nada menos que participar en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 (que se realizaron en el 2021), donde ganó la final B y quedó 9º en la tabla general, a sólo un puesto de un diploma paralímpico. Y todo con menos de cuatro años de actividad. Pero no se quedó ahí. Ariel también logró clasificación a los Juegos Paralímpicos de París 2024 y, una vez más, representará a la Argentina en el evento donde todos los deportistas de elite quieren estar.

“Si tuviera que describirme diría que soy un gendarme, que hace casi nueve años y volvió a nacer, que soy fuerte, luchador, que cree en Dios, también soy un deportista, pero por sobretodo alguien que ama la vida. Siempre decimos con mi esposa que, en esta nueva etapa de nuestras vidas, Dios ha puesto personas maravillosas en nuestro camino para alivianarnos un poco las cargas, a ellos nuestro profundo y constante agradecimiento”. Palabra de Ariel.